Teoría del Triángulo del Delito, Teoría de Patrones y Teoría de Actividades Rutinarias

Teoría del Triángulo del Delito

Desarrollada por Cohen y Felson en 1979, la teoría del triángulo del delito es una herramienta que se fundamenta en enfoques propios de la criminología ambiental, y toma como base conceptual la teoría de las actividades rutinarias.

Esta teoría del triángulo del delito, también conocida como el triángulo de la criminalidad o del problema que se presenta como un modelo estructurado en dos dimensiones principales:

  • Una interna.
  • Una externa.

Imagen 1. Triangulo del delito. (Clarke y Eck, 2005, citado por Sepúlveda, S. M., 2009).

En este sentido, cada una de estas dimensiones reúne distintos elementos que, en conjunto, permiten analizar las condiciones que favorecen la comisión del delito, así como identificar posibles formas de intervención y prevención.

La dimensión interna del triángulo del delito se compone de tres elementos fundamentales que interactúan directamente en el momento de la acción delictiva, de modo que estos componentes permiten comprender cómo se configura la oportunidad para que un delito ocurra, siendo estos: 

Víctima / Objetivo: Se identifica como el blanco sobre el cual recae el daño que puede ser una persona o un bien material y cuya vulnerabilidad o valor influye en su selección

Autor / Victimario: Se presenta como el sujeto que está dispuesto a transgredir la norma, motivado por diversas razones personales o sociales, y que evalúa los riesgos frente a los posibles beneficios.

Lugar: Es el espacio físico en el que el hecho ocurre, cuyas características específicas como accesibilidad, visibilidad o función social pueden facilitar o dificultar la comisión del delito.

Ahora bien, en cuanto a la dimensión externa del triángulo, está integra elementos que actúan como factores de supervisión y control, influyendo en la posibilidad de que un acto delictivo se lleve a cabo o se evite, destacando tres figuras clave:

Vigilante / Guardian: Estos se posicionan como quienes cumplen funciones de vigilancia, ya sea a través de acciones de autoprotección o en roles formales de seguridad.

Controlador: Estos son aquellos que mantienen una relación cercana y directa con el potencial delincuente, ejerciendo control o presión social.

Responsable: Estas son las personas encargadas de administrar y supervisar el espacio donde podría ocurrir el delito, asegurando su adecuado manejo y vigilancia.

De manera general, esta teoría destaca porque permite analizar la ocurrencia del delito desde una perspectiva integral, al considerar tanto los elementos inmediatos que hacen posible la acción delictiva como aquellos factores externos que pueden intervenir para prevenirla. Por ello, ante un análisis delictual, se presenta como una herramienta valiosa para comprender cómo se configura la oportunidad delictiva y, sobre todo, para diseñar estrategias efectivas de intervención y reducción del crimen en contextos específicos.

En la siguiente noticia, desde la perspectiva de la teoría del triángulo del delito, se observa cómo en diciembre muchos hogares quedan desocupados por las familias que salen de paseo, lo que crea una oportunidad para la comisión de robos debido a la ausencia de vigilantes o guardianes que supervisen el lugar, sumado a la vulnerabilidad del objetivo (la casa) y la disposición del delincuente a aprovechar esta situación.

Link de la Noticia: Estos son los cinco lugares que más registran robos en casas 

Teoría de Patrones

La teoría de patrones, desarrollada en el marco de la criminología ambiental por Patricia L. Brantingham y Paul J. Brantingham, surge de la integración entre el análisis del entorno físico y la motivación del delincuente, bajo la idea de que las oportunidades para delinquir no se presentan de forma aleatoria, sino que están estrechamente relacionadas con las actividades rutinarias que realiza el infractor, como los lugares que frecuenta o las rutas que transita, y con la aparición de un posible blanco u objetivo en dichos entornos, donde la acción delictiva se construye como parte de un esquema mental basado en sus experiencias diarias.

Así mismo, los autores introdujeron conceptos clave que, de acuerdo con Sepúlveda S. M. (2009), permiten entender cómo se configura el espacio en el que ocurre el delito, entre ellos se encuentran los nodos y las rutas, siendo los nodos aquellos lugares clave en la vida cotidiana de las personas, como el hogar, el trabajo o la escuela, y las rutas los trayectos que conectan dichos espacios y que las personas recorren de manera habitual. (p.9).

Del mismo modo, se destaca que las conductas delictivas tienden a ocurrir con mayor probabilidad cuando la conciencia espacial que el infractor ha desarrollado a partir de sus desplazamientos cotidianos se cruza con la presencia de un objetivo deseado en un entorno donde percibe bajo riesgo, lo cual permite afirmar que los delincuentes no seleccionan el lugar del delito de manera aleatoria, sino que actúan con base en un reconocimiento previo del espacio, aunque la víctima en sí pueda ser cualquiera, el sitio donde ocurre el hecho responde a una elección consciente en función de las condiciones que favorecen la comisión del hecho delictivo.

En cuanto a la relación de esta teoría con el análisis delictual, se destaca que aporta una visión integral al evidenciar cómo los delitos se encuentran influenciados por las oportunidades que surgen en el entorno cotidiano del infractor, sus actividades habituales y su disposición, lo que permite identificar zonas con mayor vulnerabilidad y accesibilidad a posibles víctimas y además esta perspectiva no solo delimita los espacios donde es más probable que ocurran los hechos sino que también orienta el análisis hacia factores como los horarios, los perfiles de los infractores y los tipos de delitos que tienden a concentrarse en determinados contextos, lo que en conjunto contribuye a una lectura más precisa de los patrones criminales.

Teoría de Actividades Rutinarias

La teoría de las actividades rutinarias, desarrollada por Marcus Felson y Lawrence E. Cohen en 1979, explica que el delito ocurre cuando interactúan tres elementos clave en un momento y lugar determinados: 

  • Un infractor motivado que está dispuesto a actuar.
  • Un objetivo que resulta vulnerable o atractivo.
  • La falta de alguien que pueda intervenir o prevenir la acción delictiva.

Lo permite entender que el delito no surge solo por la intención de quien lo comete, sino también por las circunstancias cotidianas que abren la oportunidad para llevarlo a cabo.

Por su parte, desde la perspectiva de la criminología ambiental, de acuerdo con Quintero, A. O., Arriaga, A. L. y Caballero, D. J. (2022), esta teoría resume que el delito se produce cuando coinciden en un mismo tiempo y espacio los tres elementos clave y se destaca que, si alguno de estos factores, como una mayor protección del objetivo o la presencia activa de un guardián se modifica, esto puede influir directamente en la decisión del infractor y, en muchos casos incluso disuadirlo de cometer la acción delictiva. (p.71).

Así mismo, la teoría también plantea que los infractores suelen actuar dentro de zonas que les resultan familiares, ya que muchas veces eligen escenarios delictivos que se ubican en sus trayectos cotidianos, como los que recorren entre su casa, el trabajo o espacios recreativos, lo que facilita tanto la identificación de objetivos como la evaluación del riesgo.

En el siguiente video se explica cómo las actividades rutinarias de las personas pueden influir en la incidencia y el panorama delictivo, destacando que esta teoría ha sido útil para explicar la ocurrencia de delitos que van desde robos hasta agresiones, así como su influencia en el desarrollo de estrategias de prevención:

Video 1. La Influencia de las Actividades Cotidianas en la Criminalidad: Teoría de las Actividades Rutinarias. (Criminology in Time, 2024). 

En este sentido, considerar la teoría de las actividades rutinarias dentro del análisis delictual permite identificar no solo los momentos y lugares con mayor probabilidad de ocurrencia del delito, sino también factores sociales como los horarios, los tipos de movilidad o los estilos de vida, y factores conductuales relacionados con los trayectos habituales de los infractores, los tipos de objetivos y las medidas de riesgo no consideradas, todo lo cual contribuye al diseño de estrategias de prevención más efectivas y ajustadas a las dinámicas cotidianas de una comunidad.

 

Referencias bibliográficas

Criminology inTime. (2024).  La Influencia de las Actividades Cotidianas en la Criminalidad: Teoría de las Actividades Rutinarias.  [Archivo de video]. YouTube. Recuperado de:  https://www.youtube.com/watch?v=ZB5-bCGHAG4

McAdam.  R. (2022). Estos son los cinco lugares que más registran robos en casas. Teletica. Recuperado de: https://www.teletica.com/calle-7/estos-son-los-cinco-lugares-que-mas-registran-robos-en-casas_326059

Quintero, A. O., Arriaga, A. L. y Caballero, D. J. (2022). Un análisis a las teorías crimino-ambientales bajo la incidencia delictiva en García, Nuevo León. Constructos criminológicos, 2 (2), pp. 67 – 86. Recuperado de: http://eprints.uanl.mx/27871/

Sepúlveda, S. M. (2009). Conceptos Nº 7: Introducción al análisis delictual. Fundación Paz Ciudadana. Recuperado de: https://pazciudadana.cl/biblioteca/documentos/conceptos-no-7-introduccion-al-analisis-delictual/

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ciclo de Inteligencia Policial y Policía Guiada por la Inteligencia

Explicación del análisis estratégico