Prevención Situacional y Teoría de las Ventanas Rotas
El aumento de la criminalidad se presenta como uno de los principales problemas que afectan a la sociedad en la actualidad y, aunque los gobiernos han desarrollado ciertas capacidades en materia de prevención, existe una percepción generalizada de que el sistema de administración de justicia no logra ofrecer una respuesta efectiva frente a este fenómeno, lo cual se debe en gran parte a que la ciudadanía ha depositado su confianza y expectativas en los discursos que prometen controlar y disminuir el delito a través únicamente del sistema penal, sin embargo, este actúa desvinculado de las dinámicas estructurales asociadas al delito y se limita a enfrentarlo mediante el uso de la represión como estrategia principal de prevención, sin considerar los riesgos y consecuencias que conlleva esta medida, que en muchos casos termina siendo ineficaz y destinada al fracaso.
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| Imagen 1. Elementos arquitectónicos dañados. (Vector Stock, s/f). |
Por lo
que, teniendo en consideración lo anterior, se destaca que el abordaje de la
criminalidad requiere el diseño y ejecución de políticas públicas que
consideren actuar desde lo preventivo y no lo represivo, así como fomentar la
participación ciudadana como eje fundamental para construir respuestas
integrales que permitan reducir los factores de riesgo, presentándose como principal
estrategia atractiva la prevención situacional de delito.
Prevención
Situacional
La
prevención situacional del delito propone un enfoque distinto al tradicional en
cuanto al control del comportamiento delictivo, ya que, en lugar de centrarse
en castigar al infractor o modificar sus disposiciones personales, prioriza la
reducción de las oportunidades concretas que facilitan la comisión de delitos.
Esta perspectiva busca intervenir directamente en el entorno para dificultar o
hacer menos atractiva la conducta delictiva, apoyándose en planteamientos
teóricos como la teoría de las actividades rutinarias y la teoría de la
elección racional, los cuales resaltan el papel que juegan las circunstancias
del entorno y las decisiones individuales en la aparición de conductas
delictivas.
En este
sentido, la teoría de la prevención situacional sostiene que el delito ocurre
cuando coinciden tres elementos fundamentales, la presencia de una persona
motivada para delinquir, un objetivo accesible y la falta de vigilancia o
control adecuado, de modo que, si alguno de estos factores se elimina o se ve
afectado, es posible que el delincuente decida no actuar, por lo tanto, esta
perspectiva busca modificar el entorno físico para introducir barreras u
obstáculos que reduzcan las posibilidades de éxito en la acción delictiva.
Ronald
Clarke fue quien introdujo el concepto de prevención situacional como una forma
de evitar el delito en 1976, planteando que, a diferencia de la criminología
tradicional, su propuesta representaba una transformación en la manera de
abordar el fenómeno delictivo mediante ajustes puntuales en el entorno, ya que
al enfocarse en las condiciones específicas que favorecen ciertos tipos de
delitos era posible reducir de forma significativa las oportunidades para que
estos ocurrieran.
La
prevención situacional del delito en la actualidad delinea sus estrategias
principalmente mediante el diseño ambiental, el cual, según Joao, F. L., y Fernández,
R. R. (2018), cumple con dos propósitos fundamentales, por un lado, busca
disminuir el riesgo de que una persona sea víctima de un delito, centrando su
atención en la protección de los posibles blancos u objetivos; y por otro, se
enfoca en transformar el entorno físico con el fin de reducir tanto las oportunidades
para delinquir como el miedo que los ciudadanos pueden experimentar en ciertos
espacios públicos, contribuyendo así a la seguridad ciudadana. (p.38).
Así
mismo, dentro de estas estrategias hay elementos clave, siendo uno de ellos la
participación activa de la comunidad en todas las etapas del proceso, desde el
diagnóstico de los espacios con mayores niveles de vulnerabilidad e inseguridad
hasta su intervención concreta; y segundo, la incorporación de aspectos
esenciales dentro del diseño ambiental como la vigilancia natural, el control
de accesos, el fortalecimiento de los vínculos comunitarios y el mantenimiento
continuo del espacio público, todos ellos enfocados en reducir las
oportunidades para delinquir y disminuir la percepción de temor en el entorno.
En el
siguiente video se exponen ejemplos de estrategias basadas en el modelo de
prevención situacional, aplicadas a contextos donde se han identificado altos
niveles de inseguridad y vulnerabilidad en calles y parques recreativos
asociados a conductas delictivas:
Teoría
de Ventanas Rotas
De
acuerdo con Ayerra, A. J. (2023), la teoría de las ventanas rotas tiene su
origen en un experimento realizado por Philip Zimbardo en 1969, el cual tenía
como objetivo demostrar que la criminalidad aumenta en espacios de la ciudad
sucios, descuidados y maltratados, y para ello abandonó dos vehículos
idénticos, el primero en el Bronx, una zona conflictiva de Nueva York, y el
segundo en Palo Alto, una zona de alto nivel adquisitivo en California, en
donde resultó que el vehículo abandonado en el Bronx comenzó a ser vandalizado
en pocas horas, y el otro, por su parte, se mantuvo intacto pasada una semana,
ante ello Zimbardo decidió romper uno de los vidrios del vehículo en Palo Alto,
donde se obtuvo un resultado igual al del Bronx, siendo el vehículo robado y
vandalizado. (p.20).
Con
base en ello, se comenzaron a cuestionar los planteamientos que atribuían la
criminalidad exclusivamente a la pobreza, ya que los resultados del experimento
no coincidían con las ideas conservadoras que sostenían que un vecindario con
alto poder adquisitivo era un espacio seguro y menos propenso
a la incidencia delictiva, lo cual evidenció que factores como el deterioro
físico del entorno también desempeñan un papel determinante en la aparición de
conductas delictivas.
En
donde ya no se trata solo de pobreza, sino que se relaciona con conceptos de la
psicología humana y las relaciones sociales, de modo que un vidrio roto
transmite ideas de deterioro, abandono y desinterés, lo que va rompiendo poco a
poco los códigos de convivencia y genera una sensación de ausencia de ley, de
normas, de reglas, como si todo estuviera permitido.
Posteriormente
desde la perspectiva criminológica fue desarrollada principalmente por James Q.
Wilson y George L. Kelling, quienes plantearon que los signos visibles de
desorden y descuidado en un entorno urbano como ventanas rotas, grafitis,
basura, vandalismo, edificios abandonados, o pequeñas faltas esto generan un
ambiente que facilita la aparición de conductas delictivas más graves.
Destacando
que esta teoría se llevó a la práctica en los años 80 en los metros de la
ciudad de Nueva York, en donde las intervenciones contra la delincuencia
comenzaron con la limpieza de la suciedad en las estaciones, el control del
consumo de alcohol, las evasiones de pago del pasaje, la atención al desorden y
los pequeños robos, en donde los resultados fueron eficientes, haciendo del
metro un lugar más seguro.
Ante estas consideraciones, la
teoría señala de manera general que el abandono de los espacios provoca la
pérdida de la percepción de presencia comunitaria, de autoridad de la ley y de
normas sociales de convivencia, lo que facilita que la delincuencia actúe con
mayor libertad y que muchas personas dejen de sentirse seguras en esos lugares.
En la
siguiente noticia se plantea cómo desde la inauguración del Metro de Medellín
en Colombia cada vez que un vagón era rayado, pintado o ensuciado se enviaba de
inmediato a los talleres para repintarlo antes de ponerlo nuevamente en
servicio, lo que contribuyó a generar una cultura entre los habitantes de la
ciudad basada en el respeto por los bienes públicos y en la teoría de las
ventanas rotas.
Link de la Noticia: La teoría de las ventanas rotas: La conclusión general es que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores.
Referencias
bibliográficas
Ayerra, A. J. (2023). Criminología
ambiental: prevención del delito en el diseño urbano. (Trabajo Fin de
Máster, Universidad Miguel Hernández de Elche, Facultad de Ciencias Sociales y
Jurídicas). Recuperado de: https://hdl.handle.net/11000/29727
Joao, F. L., y Fernández, R. R. (2018). La
prevención del delito a través de prácticas situacionales. Iustitia,
(16), pp. 31 – 46 Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7518785
Portafolio. (2025). La teoría de las ventanas
rotas: La conclusión general es que el delito es mayor en las zonas donde el
descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores. Portafolio. Recuperado
de: https://www.portafolio.co/opinion/redaccion-portafolio/teoria-ventanas-rotas-143714
Vázquez. K. (2020). Estrategias de prevención situacional. [Archivo de video]. YouTube. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=nj_WAsbPiY8
Vector Stock. (s/f). Elementos arquitectónicos dañados. [Imagen]. Recuperada de: https://www.vectorstock.com/royalty-free-vector/damaged-architectural-elements-vector-17213420

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